Hotel cinco estrellas

El caso, es que me siento mal por sentirme mal. El planeta nos está haciendo una llamada de emergencia. La economía se detiene, vuelve a entrar en crisis y nosotros escandalizados. La masiva contaminación también se detiene. Y hemos pasado años sin inmutarnos. No podemos abrazar a la gente que queremos. Pero antes tampoco lo hacíamos porque mientras tomábamos unas cañas con nuestros colegas estábamos viendo como se las tomaban los demás a través de una red social. Creo que es un privilegio que lo peor que nos pueda pasar en este mundo, sea quedarnos en casa mientras le damos un respiro a la naturaleza.



Sin que nos falte de nada, porque para tantos eruditos las humildes ayudas que unas pocas personas están intentando conseguir no nos valen. Egoístas es lo que somos. Porque ahí fuera hay personas que no tienen donde dormir, personas en un país muriéndose de hambre, de sed y de enfermedades incurables por falta de medios y de humanidad. De todos. Pero para escribir a través de una pantalla siempre somos ejemplos a seguir. Tenemos un máster en la concepción del bien y consecutivamente del mal.




Gente en nuestro país haciendo uso del racismo más mezquino porque un virus proviene de un país al que durante años hemos aplaudido por abastecernos y salvarnos el culo. Y a pesar de esto, les tenemos en las puertas de nuestros hospitales dándonos una lección de humanidad, como para tener la valiente concepción de que los anticuerpos que nos ha dado la naturaleza tienen nacionalidad. Me parece absurdo que nos estemos peleando como que la tierra fuese nuestra. Imaginad que nos diesen la oportunidad de vivir en un hotel de lujo, sin límite de tiempo. Imaginad que entre todos nos lo cargamos. Imaginad, que aún así, nos siguen dejando vivir allí, aún sabiendo que puede que destrozemos su hogar. Y ademas, después de todo, nos desalojan únicamente para reconstruírlo de nuevo y que podamos volver algún día. ¿Os suena?

A mi sí.




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